Ayer tuve la oportunidad de asistir a un interesante taller sobre ChatGPT aplicado al marketing, que se enmarcó dentro de la Semana de la Inteligencia Artificial (IA) en la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Este evento fue una excelente oportunidad para explorar cómo la IA, y en particular ChatGPT, puede optimizar nuestras estrategias de marketing digital y mejorar la creación de contenidos.
Explorando ChatGPT para marketing digital
Durante el taller, los asistentes fuimos guiados paso a paso para darnos de alta en ChatGPT, y a partir de ahí, comenzamos a realizar una serie de actividades prácticas. Estas fueron algunas de las principales tareas que llevamos a cabo:
- Creación de prompts efectivos para redes sociales: Aprendimos cómo utilizar prompts bien estructurados para generar contenido relevante y atractivo para nuestras audiencias en diferentes plataformas.
- Descripciones de productos optimizadas para SEO: Aplicamos técnicas de IA para escribir descripciones que mejoran la visibilidad de nuestros productos en buscadores.
- Generación de contenido visual: ChatGPT también puede ayudarnos a diseñar el contenido visual necesario para nuestras campañas. Esto incluye desde imágenes hasta la creación de presentaciones interactivas.
- Análisis de datos y tendencias del mercado: Le preguntamos a la IA sobre tendencias actuales del mercado y realizamos análisis de datos para tomar decisiones más informadas.
- Análisis de sentimiento de clientes: Utilizando ChatGPT, analizamos las respuestas de formularios y encuestas para entender mejor la percepción y satisfacción de nuestros clientes.
- Estudio SEO: Implementamos un estudio SEO completo para posicionar mejor nuestros productos utilizando palabras clave sugeridas por la IA.
Alternativas a ChatGPT: Diversificando las herramientas de IA
No todo giró en torno a ChatGPT, también exploramos otras herramientas de IA que están marcando tendencia en el sector del marketing digital:
- Claude (Anthropic): Esta herramienta destaca por la posibilidad de mantener conversaciones largas y fluidas, facilitando la interacción en tareas complejas. Puedes conocer más en Claude Anthropic.
- Perplexity AI: Se trata de un generador de texto con fuentes documentadas, lo que lo hace ideal para la creación de contenido respaldado por información precisa. Más información en Perplexity AI.
- Bing AI / Microsoft Copilot: Integrado en el ecosistema Microsoft, Copilot facilita el acceso a información actualizada y mejora la productividad en entornos colaborativos. Más sobre Copilot aquí.
- NotebookLM (Google): Esta herramienta de Google es ideal para generar resúmenes y trabajar con grandes cantidades de información de forma organizada. Descubre más en NotebookLM.
Recursos adicionales para continuar aprendiendo sobre IA
Además de las herramientas y prácticas exploradas en el taller, también recibimos una serie de recursos que serán muy útiles para seguir profundizando en la inteligencia artificial:
- Guía básica de ChatGPT y cómo hacer prompts efectivos: Un recurso fundamental que nos ayudará a seguir mejorando nuestras interacciones con la IA. Disponible en el blog de OpenAI.
- Protección de datos en IA: Es esencial tener en cuenta la protección de los datos al utilizar herramientas de IA. Aquí tienes más información en la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).
Cursos recomendados de IA
Si quieres seguir formándote en inteligencia artificial, te recomiendo estos cursos básicos que puedes encontrar en español en las siguientes plataformas:
Canales de YouTube sobre IA y marketing
Finalmente, te dejo un par de canales de YouTube que me parecieron muy interesantes para seguir aprendiendo sobre IA aplicada al marketing:
Este taller fue una excelente oportunidad para descubrir cómo herramientas como ChatGPT y otras alternativas pueden transformar nuestra forma de trabajar en marketing. Desde la creación de contenido hasta el análisis de datos y el SEO, la IA nos brinda nuevas posibilidades para optimizar nuestro trabajo y conectar mejor con nuestros clientes.
Finalizados los talleres y la semana de la IA, he llegado a un punto de mayor ambivalencia hacia estas herramientas. No solo parece que hemos entregado nuestra privacidad a grandes empresas y gobiernos, sino que, además, la excesiva regulación está frenando su adopción en consultoras y PYMES, limitando su acceso a aquellos con menos recursos.
Me resulta incomprensible que se promuevan estas tecnologías sin, al menos, advertirnos sobre la necesidad de crear cuentas específicas para su uso. Tampoco logro entender la gratuidad de estas plataformas, considerando el enorme esfuerzo intelectual y de desarrollo que hay detrás.
La falta de preocupación en cuanto al impacto laboral es alarmante. Ahora, personas con poca formación pueden realizar trabajos que antes requerían una preparación mucho más extensa, dejando a los expertos en un limbo, fuera del juego y sin el reconocimiento que merecen. Ya no aprendemos para trabajar; parece que el aprendizaje ha pasado a ser un simple ocio, lo que de por sí es un problema. Los investigadores y científicos deben ser justamente remunerados, sin embargo, muchos de ellos parecen atrapados en discursos catastrofistas.
Me inquieta que aquello más repetido acabe convirtiéndose en «la verdad». ¿Acaso la popularidad del reguetón lo convierte en el mejor género musical? ¿Estamos dirigiéndonos hacia una homogenización del pensamiento, del arte y de la ciencia, donde las «verdades absolutas» nos sean dictadas por la IA? Al final, ¿quién tiene más sesgo: una IA o un juez con su perspectiva única y subjetiva, aunque bien fundamentada?
La IA plantea muchas incógnitas aún sin resolver, pero los experimentos y aplicaciones se han lanzado a nivel mundial sin considerar particularidades culturales o contextos locales. Estos desarrollos se han implementado sin tener en cuenta las costumbres y limitaciones de los usuarios, creando un monopolio inaccesible para muchos debido a los altos recursos que requiere.
Paradójicamente, por tan solo 20 euros al mes, puedes ceder tus ideas a ChatGPT, que está gobernado por los grandes tecnócratas del mundo, con ideologías políticas bien definidas. No cuantificar el impacto económico y social de estas herramientas, mientras los astronómicos beneficios se desvían hacia estas empresas, es una negligencia que va mucho más allá de la mera cuestión de protección de datos.
Parece que abordar problemas económico-matemáticos está casi prohibido en estas plataformas, como si fuera una aberración establecer cuántos niveles salariales debe haber en una empresa. Sin embargo, la intromisión en nuestra privacidad, ideas, formación y relaciones sociales se asume como un bien común, casi divino.
La perplejidad es insuficiente para describir el drástico cambio que hemos experimentado en apenas cuatro años.








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